miércoles, 22 de mayo de 2013

Y un huevo...

... en camisa...

Cuando llegué a Italia, hace ya casi seis años, el padre de la criatura era consciente de algunos de mis talentos: doblaba manos y pies como una contorsionista circense, era capaz de leer en diagonal y enterarme de lo que había leído, podía ver diez capítulos seguidos de Anatomía de Grey sin caer en la más absurda de las depresiones y hacía treinta flexiones con un brazo, al más puro estilo de la Teniente O’Neil (y como sé que no os lo vais a creer aquí tengo la prueba gráfica). Lo que no sabía es que una servidora tenía un pequeño defectillo en lo que a fogones se refiere. Digamos que yo, hace años, no cocinaba, sino que producía residuos comestibles. Se trataba de una nueva tendencia que nada tiene que ver con la nouvelle cuisine o la rica tradición mediterránea. Yo la bauticé con el nombre de “Cociná comestiblé”, sí, con acento en la última a y en la última e, que le da ese toque francés que hace que hasta los caracoles sean un rico manjar. Se trataba de una cocina que se come. Y no mueres. Y este último es un dato muy importante a tener en cuenta. Puede que lo que cocines sea una porquería o una exquisitez. No eres tú quien lo decide, sino la divina providencia. 

viernes, 17 de mayo de 2013

El último mohicano


Luce mis sandalias fucsia con flores hawaianas, un pantalón roto en la rodilla y mis gafas de sol aviator style. En una de sus manos, mi antiguo móvil, que funciona sólo para escuchar música, y que se ha convertido, en estos últimos días, en otra de sus grandes pasiones. 

Escucha: 
- La banda sonora de “El último Mohicano” (mamma, me gusta, mi piace, es bellissima) 

- Canto gregoriano de los Monjes de Silos (mmm… bello también esto, me recuerda a un campanario, mi piace mamma). 

- Vals de Amèlie (mamma, esto no, es triste. Cambio.). 

- La banda sonora de “El último mohicano”, de nuevo y de principio a fin, tres veces seguidas (mamma, mamma, oyes, es bellissima. Sí, amore de mis entretelas, es estupenda, pero ahora cambia o tiro el móvil por la ventana). 

- La Flauta Mágica de Mozart, dúo de Papageno y Papagena (pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa, mamma, ¡esta canción llama a papá!) 

- El reino del revés, de Rosa León, (mmm, carina, me gusta, pero ahora cambio…). 

- Quelqu’un m’a dit, de Carla Bruni (piccolo, ¿pero tú a qué botón le has dado? ¿Qué hace esta canción dentro de mi móvil?). 

- Bohemian rhapsody, de Queen… (mammaaaaaaaaaaa, oyes, ¡dicen tu nombre! ¿Mi nombre? Sí, mammaaaaaaaaaa). 

- La banda sonora de “El último mohicano”, sí, otra vez, ininterrumpidamente y al menos catorce veces seguidas… (mamma, ésta y basta, sólo quiero escuchar ésta…). 

El piccolo es un hombre que vive de excesos. Le gusta el eclecticismo en la música y, hoy por hoy, es el fan número uno de la banda sonora de “El último mohicano”. El problema es que todas sus pasiones terminan convirtiéndose en obsesiones. Y las obsesiones acaban transformándose, inexorablemente, en desesperaciones. Para los demás… 

;)


miércoles, 15 de mayo de 2013

Las Redes Sociales antes de Internet


Parte de mi escritorio aún vive en el pasado... Lo tengo todo plagado de twitters y bloggers por todos los sitios y mis picasas están todas descolocadas... ;)

¿Os acordáis cómo era vuestra vida con estas redes sociales?



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